Teresita Marín: Madre de muchos
Teresita Marín: Madre de muchos

Randall Salazar
Adaptación Teletica.com




En San Vito de Coto Brus una mujer abrió las puertas de su casa y su corazón a decenas de niños, quienes no solo encontraron un techo donde vivir, sino también el calor de una madre.

Ella los ve como sus hijos y ellos le llaman mamá, la historia de Teresita Marín demuestra que un grupo de personas no tiene que compartir la misma sangre para ser una familia.

Se sabe de memoria sus nombres y sus historias, conoce muy bien de dónde vienen y por qué llegaron a su casa: se trata de Teresita Marín Valverde, tiene 7 hijos biológicos, pero la vida también le regaló 90 hijos adoptivos.

Todo comenzó hace 38 años: la casa de Teresita y su esposo, ubicada en San Vito de Coto Brus, comenzó a llenarse de niños: los suyos y los que fueron llegando año tras año, porque sus padres biológicos los abandonaron o no pudieron hacerse cargo de ellos. 

Amor en familia

En 1976 el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) le otorgó la categoría de hogar solidario y desde entonces 90 niños han encontrado en esas 4 paredes la familia que habían perdido.

Aunque la idea de los hogares solidarios es que sirvan por un tiempo mientras el menor se reubica con algún familiar o es adoptado, muchos de los niños que han llegado a la casa de Teresita se han quedado allí hasta la mayoría de edad o incluso hasta que se casan y hacen vida aparte.

Priscilla es uno de esos casos: llegó cuando tenía 4 años junto a sus 2 hermanas, a su padre nunca lo conoció y a su madre la ve, pero no tiene una relación directa con ella.

Priscilla ya no vive en la casa porque tiene un compañero y una hija de 2 años: ahora que es madre comprende mejor el inmenso amor que Teresita le ha dado a ella y a sus hermanos.

Lucía también tiene una historia parecida: las caras y los nombres cambian, pero las historias se repiten una y otra vez.

Teresita y su esposo corren con la gran mayoría de los gastos del hogar y la educación de los niños, eso si, reciben ayuda de personas o grupos que conocen de su trabajo.

Como los recursos son pocos y las necesidades muchas, la palabra compartir tiene un significado fundamental.

Actualmente viven en la casa 27 niños y jóvenes, eso significa muchas bocas que alimentar, mucha ropa que lavar y mucho, mucho trabajo los 7 días de la semana.

Atenderlos a todos no sería posible sin 2 cosas fundamentales: cooperación y organización, los más grandes ayudan a los más pequeños y cada quien tiene un rol de tareas plenamente establecido.

Buena parte de la acción diaria se vive en la cocina: Lidieth, la nuera de Teresita, dirige el trabajo con ayuda de algunas de las jóvenes más grandes.

Los muchachos también tienen tareas establecidas: una de las más importantes es la atención de la porqueriza.

Allí crían cerdos que luego son vendidos o sirven para el consumo en la casa, pero además del trabajo hay una cosa que abunda en ese lugar: amor, amor para todos por igual.

En el hogar de Teresita cualquier momento es bueno para la diversión y hasta un sencillo paseo se convierte en una experiencia maravillosa.

Los niños son invitados a una finca, localizada a una hora del centro de San Vito, y allí suben a los árboles a bajar jocotes, para luego compartir el almuerzo con la familia anfitriona: ellos han descubierto que en las cosas más sencillas se puede encontrar la esencia de la vida.

Un accidente de tránsito dejó a Teresita con una pierna lesionada y ahora utiliza muletas o una silla de ruedas para moverse, pero ni siquiera los problemas físicos hacen que su espíritu de lucha desmaye y su inmenso amor por los demás desaparezca.

Esta mujer tiene un corazón tan grande que ha podido darle cobijo a decenas de hijos que no parió, pero que la vida le regaló.

Este hogar es un ejemplo real de como a veces no es necesario ser pariente de alguien para convertirse en su familia.